Victoria Onetto











"Siempre quise formar una familia"


Dice que no para hasta conseguir lo que quiere. Ahora su objetivo es ser madre. Su historia como hija de uno de los primeros muertos de los años de plomo. María Laura Santillán.
mlsantillan@clarin.com

A Victoria Onetto la conocemos por su picardía, por su sensualidad, por sus personajes provocadores. Son pocos los que conocen su historia: cuando a su papá lo mataron, ella estaba en la panza de su mamá. Su abuela Lili Masaferro cambió radicalmente su vida después del asesinato de su hijo y llegó a ser la secretaria general de la rama femenina de la agrupación Montoneros.

Cuando a tu papá lo mataron tenías apenas unos meses de gestación. Mi mamá tenía aproximadmente el tiempo que tengo yo ahora de embarazo.

Mi mamá tenía ya una hija de dos años, que es mi hermana María, y estaba embarazada de cinco meses. A mi papá lo mataron en un enfrentamiento junto con el hijo de los Frondizi. Después nací yo, en medio de esa tragedia espantosa. Fue un shock importante para todos. Ese fue mi inicio. Por eso me pusieron Victoria.

¿Tu mamá te puso ese nombre?

Creo que sí. Si hubiera sido varón, hubiera tenido la carga para seguir el legado de alguna manera. Todos querían que fuera mujer y fui mujer. Creo que no hubo muchas dudas, estaban entre Gloria y Victoria.

Tenías que tener un nombre significativo.

Esto fue en el 71. Mi papá estaba metido en un movimiento que no era Montoneros. A partir de la muerte de mi papá, mi abuela paterna se metió de lleno en la política. Y fue ella la que siguió el legado de mi padre. Y ahí sí, era el 74, y estaba Montoneros.

¿Tu abuela era una mujer de armas tomar?

Exactamente. Era una mujer de armas tomar. La conocí cuando volvió del exilio. Yo tenía 18 años, para mí fue una revelación total. Era una mujer poderosa, tenía voz ronca porque chupaba, fumaba, y tenía un temperamento increíble. Ella se volvió a casar con el hijo de Gregorio de Laferrere y vivía en un campo en Cañuelas. Me acuerdo que veía programas periodísticos y se peleaba con el televisor cuando aparecían algunos personajes. Al reencontrarme con mi abuela, me reencontré con la historia de mi papá.

¿Cuando volvió del exilio empezaron a charlar?

Sí. Fue un redescubrimiento de mi identidad y de la historia en sí misma. Porque yo viví todo el Proceso acá. Si bien no vivíamos con miedo porque mi mamá no estaba metida en política, de chiquita yo siempre decía que mi papá había muerto en un accidente. Era lo que me decían que tenía que decir. Mi mamá me había contado la verdad, pero yo iba a un colegio estatal y en esa época no se sabía si la compañerita de al lado era la hija o sobrina de Massera. Fue después de la llegada de mi abuela, a los 18 años, que me animé a decir, cuando me preguntaban, qué le había pasado a mi padre. Mi infancia, en ese sentido, fue irreal.

Con muchas carencias: sin papá.

Papá, para mí, era una foto. Y la foto de un chico joven porque lo mataron a los 23. Pasé por todos los estados: de creer en él a creer que era un irresponsable: ¿cómo iba a estar jugando a hacer la revolución con una mujer embarazada y una nena de dos años? Pasé por todo lo que se te ocurra. Hoy, después de mucha terapia, la verdad es que estoy en paz, lo he perdonado y tengo un sentimiento de orgullo hacia él. Y veo cómo soy, las fuerzas que logré sacar en algunos momentos... Creo que hoy soy quien soy, por la vida de mis antecesores.

¿Qué hablabas con tu abuela? ¿Cómo eran esas charlas?

Cuando mi abuela se metió en la política, abandonó todo. Estuvo cinco años sin ver a sus hijos. Yo quizás tengo otro punto de vista porque soy su nieta. De los hijos recibió muchas críticas, pero también fue muy querida y muy admirada. Cuando volvió, yo iba todos los fines de semana a visitarla. Se ve que tenía necesidad de saber, de conocer, de empaparme. Ella era la ligazón más directa con mi papá. Y, además, me llevaba bien. Antes de meterse en política por la muerte de papá, ella se dedicaba al cine, al espectáculo.

¿Qué decía de vos que habías empezado en Clave de Sol?

Estaba como loca. Estaba muy orgullosa. Me daba consejos.

Con semejante historia, ¿te sentís obligada a tener un compromiso político?

Nunca lo sentí. Mis genes están expresados en lo que hago porque soy re-power y porque soy perseverante. Hasta que no consigo lo que quiero, no paro. Pero nunca tuve un contacto político.

¿Qué hubiera dicho tu abuela de la tapa de Playboy?

Era re-moderna. Ella fue a ver Fausto cuando yo debuté con Alberto de Mendoza. Tenía 20 años y hacía desnudo total.

¿Qué dijo?

¡Estaba fascinada! ¡Qué cuerpo! (risas). Mi abuela era tremenda: cuando estaba casada tuvo un montón de amantes. Hacía lo que quería.

Se hubiera divertido entonces con tu militancia sexy y tus tacos aguja.

Ella siempre me apoyó y se divirtió. Fue una pérdida grande para mí la de mi abuela.

Ahora estás embarazada. El embarazo es una revolución hormonal importante. ¿Cómo te pone?

Estoy muy llorona, pero feliz de la vida. Estoy pasando por uno de los momentos más importantes. Cuando le vea la carita, me voy a desmayar, pero ahora que estoy embarazada no lo puedo creer. Lo queríamos un montón, lo re-buscamos.

¿Cómo le decimos al papá: novio, pareja, marido?

Le decimos todo: novio, pareja, marido (risas). Depende. En octubre vamos a cumplir tres años juntos. A los 30 me empezó a pi car el bichito de la maternidad.

¿Es un número, no?

Los treinta fueron un cimbronazo en todos los aspectos. Venía de una relación muy larga y cuando empecé a plantear el tema de la maternidad, no escuché lo que quería después de casi cinco años de pareja. Empecé a sentir orgánicamente que me lo pedían los ovarios, las entrañas.

¿El novio empezó a perder puntos?

Ya no servía (risas). Si no tenés un deseo en común, no va. Como yo no tuve papá, mi deseo, desde el principio, fue armar una familia. No el deseo de ser mamá por una cuestión narcisista o de la trascendencia. En el momento de tener un hijo, siempre tuve claro que lo primero que necesitaba era un hombre que se muriera por tener un hijo conmigo. Y que obviamente ese hijo o esa hija tuviera todo lo que yo no tuve: un papá. Cuando me conoció, me dijo: "Vos vas a ser la mamá de mis hijos". Yo me acababa de separar hacía un mes y medio. Y no estaba para nada, la verdad.

Estabas de duelo.

Estaba de duelo total y él apareció y perseveró. Me dijo: "Sos la mujer de mi vida". Los primeros seis meses dije que no. Y al final pisé el palito y me enamoré (risas).

Un hombre.

Sí. Tuvo mucha determinación conmigo y eso fue muy bueno. Como mujer soy cero encaradora. Soy más chapada a la antigua. No cumplo con la imagen que yo sé que se ve de mí.

Y la etapa desnudos, mujer super sexy, ¿ya fue o es una despedida transitoria?

No creo que sea transitoria (risas). Creo que va a ser más que eso. La maternidad cambia completamente a la mujer. Y en lo profesional también. Va a ser para mejor, van a venir mejores personajes, voy a ser más interesante como mujer y como actriz. Va a haber un cambio.